Sodoma no fue destruida y los ángeles tienen sexo.
Partimos en microbús desde Ciudad del Vaticano rumbo a Sodoma, la ciudad bíblica y lúbrica por excelencia. Nos contaron que fue quemada y la mujer de Lot convertida en estatua de sal por cotilla... ¡nada de eso, amigos!: la ciudad es todavía hoy el centro neurálgico del vicio y Sara fue convertida en un bloque de farlopa que aún hoy se beneficia su marido vía nasal, y todavía le queda para pasarla a buen precio a los turistas.

Recorrido safari por la ciudad. A través de las ventanas comprobamos que un par de ángeles llegaron para montárselo con las preciosas hijas de Lot y se quedaron; que gran número de religiosas van allí a gozar de una nueva vuelta de cilicio y a sentirse auténticas siervas de un Señor sádico que las azota por sus pecados; que el Papa pide a diario y en varios idiomas una felatio, felationi; que grupos de jesuítas esperan en fila una sodomización de San Ignacio de Loyola y que María, cansada de ser virgen, se entrega a los placeres de la carne y el pescado...

Las visitas guiadas no están mal, pero lo mejor es ir allí por libre, seguir un itinerario propio, perderse por las callejuelas y acabar luego metido de lleno en el camino de la perdición que te pone en bandeja esta ciudad en la que el onanismo es el pan nuestro de cada día y los pecados no se perdonan porque no existen y se vive permanentemente en la tentación y el exceso bajo una única ley: la ley del deseo.... Amén.

 
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